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Historia

9 de Julio: Día de la Independencia Argentina (1816)
 


Día de la Independencia Argentina.

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  • Pensar la independencia, discutir el presente para poder imaginar el futuro...

    “[...]Una nación es una gran solidaridad, un sentimiento común, forjado por los sacrificios pasados y los que se está dispuesto a arrostrar en el futuro. La existencia de una Nación es un plebiscito de todos los días, democrático y libre, producto a su vez, de un largo devenir histórico que hace difícil su cuestionamiento por los actores políticos coyunturales. La nación no se planifica, ni se improvisa...[...]”.
    Ernest Renán
    Así reflexionaba Renán en el siglo XIX, sin embargo hoy adquieren plena vigencia las efemérides conmemorativas, vinculadas al proceso histórico de construcción de un Estado soberano, como es la del 9 de Julio, que se configura en el leimotiv para centrar la mirada sobre la Argentina actual, en la que el Estado Nacional en su forma de gobierno definida como republicana y democrática es objeto por lo menos de interpelaciones que exigen un acto reflexivo al conjunto de la ciudadanía sobre el significado de pertenecer a una nación libre, soberana y democrática, hoy...

    Entonces, ¿qué significaba en 1816 constituir una nación libre e independiente?... y las respuestas parecen retomar el dialéctico ritmo temporal de un proceso histórico por lo menos complejo en el que se fue construyendo un estado republicano, una Nación moderna, que tuvieron sentido y razón de ser recién a partir de 1860, por lo que es imprescindible interpelarnos acerca de la existencia real, concreta de una país independiente y soberano en el Río de la Plata entre 1810 y 1862...

    La Revolución del 25 de mayo de 1810 preparó el camino hacia la independencia. La ruptura de los lazos coloniales con España en 1810 no hicieron más que cristalizar un movimiento liberador que venía buscando, desde 1806, una mayor participación política y económica de los grupos criollos dominantes. Durante los primeros años, hasta 1814, la Corona española no estuvo en condiciones de enviar tropas para reprimir a los grupos revolucionarios. Con el retorno de Fernando VII, España se propuso recuperar sus colonias, con este objetivo envió refuerzos militares a las tropas que luchaban en Venezuela y Perú.

    El rearme español provocó un cambio en la guerra revolucionaria, deviniendo esta en anticolonial e independentista, así la independencia pasó a ser el objetivo de la guerra. Frente a este nuevo escenario, en la región del Río de la Plata se dirimían dos centros de poder: uno alineado al Directorial antirevolucionario de las Provincias Unidas con capital en Buenos Aires (Mendoza, San Luis, San Juan, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán y Salta); y el otro configurado en torno a la Liga Federal de los Pueblos Libres (Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental).

    En 1816 las Provincias Unidas del Río de la Plata convocan a un Congreso para definir entre otras cosas una Constitución. Las principales discusiones fueron respecto al sistema de gobierno que se le daría al futuro Estado, a la necesidad de buscar apoyo externo para consolidar la guerra independentista emancipadora y lograr la adhesión de la mayor cantidad de provincias. El 9 de Julio el Congreso declaró la independencia de las provincias Unidas de América del Sud y el “fin de la revolución y el principio del orden”.

    Se declaraba así la independencia del nuevo Estado sin definir qué forma de gobierno iba a tener este, porque definir esto implicaba de algún modo asumir si se estaba a favor de un gobierno democrático igualitario o de un gobierno centralista y aristocrático que otorgaba privilegios a una elite portuaria en desmedro del desarrollo de las economías regionales y por ende de otros centros de poder.

    En este proceso independentista el territorio del virreinato nacido a fines del siglo XVIII perdió al finalizar las guerras de independencia más de la mitad de sus poblaciones –Paraguay, Alto Perú y Banda Oriental- y lo que quedó de él luego de 1820 se fragmentó en gobiernos provinciales autónomos que, sólo cuatro décadas más tarde, alcanzaron a sellar la unidad política e institucional bajo el nombre de República Argentina.  


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