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El nuevo coloso de la Patagonia

 


Reconstrucción artística del aspecto de 'Dreadnoughtus schrani' ('el que no teme a nada') . Jennifer Hall.

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  • Medía 26 metros de longitud y pesaba 59.300 kilogramos. Y hubiese crecido todavía algo más si la muerte no le hubiera sorprendido cuando aún no había alcanzado la edad adulta. Se trata de un colosal dinosaurio herbívoro desenterrado en un remoto lugar de la Patagonia Argentina y del que se ha recuperado el 45% de sus huesos, representativos del 70% de su esqueleto.

    Poco después de su muerte, debió producirse una inundación que cubrió su cadáver de agua, arena y fango, lo que ha facilitado que haya podido encontrarse en excelente estado buena parte de su esqueleto 77 millones de años después. «Su desgracia fue una suerte para nosotros», asegura el paleontólogo Kenneth Lacovara, el líder del equipo de investigadores estadounidenses y argentinos que lo ha desenterrado en un remoto lugar del sureste de Argentina y que esta semana describe sus características en Scientific Reports.

    No es el dinosaurio gigante más grande que ha sido encontrado, pero sí el más completo. Según sostiene, nunca se había logrado recuperar tantos huesos de un dinosaurio tan grande, lo que ha permitido reconstruir digitalmente su esqueleto con fidelidad y estimar su masa con precisión.

    Lacovara compara su peso con el de una docena de elefantes africanos o siete Tyrannosaurus rex. Tal era la envergadura del nuevo dinosaurio argentino, que los paleontólogos ven poco probable que en el bosque en el que vivió hubiese criaturas que pudiesen hacerle frente. Por eso han decidido bautizar a la nueva especie como Dreadnoughtus schrani. La primera parte de su nombre significa «el que nada teme», y también es el nombre de un enorme buque de guerra acorazado de principios del siglo XX. La segunda palabra homenajea al empresario Adam Schran, que ha financiado la excavación.

    «Dreadnoughtus era asombrosamente enorme. Es, de lejos, el mejor ejemplo que tenemos de alguna de estas criaturas gigantes que caminaron sobre la Tierra», sostiene Lacovara, que lo descubrió mientras buscaba fósiles en la provincia sureña de Santa Cruz. Divisó algunos huesos, registró el emplazamiento con su GPS y al cabo de unas horas regresó con su equipo del proyecto Comodoro Rivadavia. Ese mismo día desenterraron ya una decena de fósiles.

    Cerca encontraron otro ejemplar de menor tamaño. «Es un tercio más pequeño. Hemos confirmado que ambos pertenecen a la misma especie, pero no es posible determinar si tenían algún parentesco», explica a EL MUNDO Lacovara. Tampoco pueden saber la edad que tenían, sólo que el mayor no había alcanzado la plena madurez.

    Para desenterrar los 116 fósiles recuperados del más grande y los 30 huesos del pequeño, hicieron falta cuatro campañas de excavación, que se desarrollaron entre 2005 y 2009 en la Formación Cerro Fortaleza. Después, el botín óseo fue convenientemente embalado para la travesía en el barco que lo llevó hasta Filadelfia, donde fue distribuido en varios centros. Seis semanas tardó en llegar a EEUU. Después, llevaron todas las piezas al laboratorio de Lacovara en la Universidad de Drexel, que quedó literalmente abarrotado con tanto hueso. Allí se restauraron las piezas y, como si fuera un puzle, establecieron a qué parte del esqueleto pertenecía cada una.

    El robusto Dreadnoughtus era un titanosaurio (un grupo dentro de los saurópodos, que eran herbívoros cuadrúpedos y de gran tamaño caracterizados por tener cabezas pequeñas, patas robustas y largas colas y cuellos). La cola del nuevo dinosaurio, de la que se han hallado la mayor parte de sus vértebras, medía casi nueve metros.

    Pese a la amplia variedad de fósiles encontrados de Dreadnoughtus, de la cabeza sólo apareció un pequeño fragmento de la mandíbula y un diente de 3,5 centímetros. Según Lacovara, es muy difícil que se conserven huesos del cráneo de estos gigantes.

    Encontraron también una espectacular vértebra del cuello de 90 centímetros, numerosas costillas, la escápula, una garra, huesos de los dedos de las patas... Pero cuando se trata de calcular la masa del dinosaurio, las partes más valiosas son los huesos de las patas delanteras y traseras, entre los que destaca un húmero de 1,60 metros y un asombroso fémur de 1,80 metros de longitud.

    Los paleontólogos creen que los titanosaurios fueron muy diversos y su población bastante abundante durante los últimos 30 millones de años del periodo Mesozoico (que se extiende desde hace 252 millones de años a hace 65 millones de años). No todos los titanosaurios, sin embargo, eran tan grandes como éste, pues han desenterrado ejemplares con tamaños muy diversos.

    Uno de los aspectos destacados del estudio presentado en esta revista del grupo Nature es que los investigadores escanearon en tres dimensiones cada uno de los fósiles desenterrados para realizar la reconstrucción digital de su esqueleto articulado, que está disponible gratuitamente para cualquier científico.

    Los huesos serán devueltos a Argentina el año que viene. Serán custodiados en el Museo Padre Molina de Río Gallegos aunque, según explica el paleontólogo, todavía no se ha decidido cuándo serán expuestos. Lo que sí tiene claro es que el próximo año él regresará a la Formación Cerro Fortaleza para seguir con las excavaciones: «No tengo dudas de que encontraremos más».  


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