Caleta Olivia - Santa Cruz - Argentina
"Portal a los Hielos Eternos"

Arte y Cultura

7 de junio: la historia menos contada del Día del Periodista
 


Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez fue el primer folletín argentino y se publicó en La Patria Argentina, un diario que modernizó el periodismo nacional, en 1879.

  • Más videos y fotos: GonBal.

  • Cada 7 de junio, el periodismo argentino rinde homenaje a Mariano Moreno, líder de la revolución ilustrada de mayo, fundador de la Biblioteca Pública y, ante todo, responsable de que cada 7 de junio muchos saluden y recuerden el rol social del periodista.
    Es que fue el 7 de junio de 1810 cuando Moreno imprimió por primera vez la Gazeta de Buenos Aires, un periódico que se publicó intermitentemente durante once años y que era, al menos al principio, el órgano difusor de la gestión de la Primera Junta. Mariano Moreno, secretario del organismo, era quien redactaba a mano todas las gacetillas que luego se imprimían.

    Sin embargo, en el afán de simplificar, todos ignoran que no fue la Gazeta de Buenos Aires el primer periódico nacional. Hubo otros tres anteriores y sería hora de hacerles justicia.
    Para quienes no nos conformamos con la historia oficial y resistimos repetir que, por ejemplo, le debemos el cine tanto a Louis como a Auguste Lumière y que el Himno Nacional Argentino fue una pieza original e inédita de Vicente López y Planes y Blas Parera, esta nota nos está esperando.
     


    7 de junio, Día del Periodista

    El Telégrafo Mercantil, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio y el Correo de Comercio fueron –los tres- anteriores a la Gaceta de la Primera Junta. Justo es decir que la publicación de Moreno fue el órgano de difusión del primer gobierno autónomo, en cambio; pero es inexacto afirmar que Mariano Moreno fue el primer periodista argentino.
    De hecho, lo antecedió Manuel Belgrano, que para el 1º de abril de 1801, cuando salió a la calle el primer ejemplar de Telégrafo Mercantil, tenía clavados 30 años y la sangre hirviendo en las venas.

    Fue él, el futuro creador de la bandera, el que fogoneó al militar extremeño Francisco Antonio Evaristo Cabello y Mesa, que venía con cargo de coronel del Virreinato del Perú, para que fundara un periódico y lo dirigiera. Ese fue el Telégrafo Mercantil. Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata.
    De hecho, Cabello y Mesa, que estaba de paso y sólo ambicionaba echarle un ojo a Buenos Aires luego de abandonar Lima y regresar a Extremadura desde el puerto del Río de la Plata, quedó varado por una cuestión mercante, esperando un buque que no llegaría.
    Aunque no había redes sociales la gente conversaba bastante y, en cuestión de horas, se hizo amigo de Manuel Belgrano, quien convirtió su desgracia en una bendición.
     


    La historia menos contada

    Como lo contaría Hollywood, todo fue en cámara rápida: Belgrano despertó su viejo berretín por la escritura y lo convenció de que se quedara para germinar buenas ideas en un periódico de elite (pocos sabían leer) que prima facie difundiera las noticias comerciales y portuarias.
    Lo más inolvidable de la gesta periodística de Belgrano es que el Telégrafo Mercantil le dejó definitivamente a la patria el gentilicio “argentino” que aún nos distingue.
    Si bien es cierto que ya en el 1600 Martín del Barco Centenera se había referido al virreinato sudamericano como "tierra argentina" para el mundo entero nosotros éramos “platenses”.

    Y si bien también es cierto que el Virrey Avilés, séptimo en el cargo en el Río de la Plata, recibió con buenos ojos un organon marítimo y económico que debutó con una Oda al Paraná, su sucesor, el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo, hizo perdurar ese espíritu cuando le compró a los franciscanos una vieja imprenta arrumbada que había pertenecido a los jesuitas, y la dejó en la Casa de los Niños Expósitos, para que los huerfanitos descartados por las familias de la alta sociedad, aprendieran un oficio, el de la impresión.

    Pero lo que comenzó con buenos auspicios terminó con recelos, miradas de reojo y clausura.
    Con varias de las plumas más respetables de entonces (Domingo de Azcuénaga, Juan José Castelli, Pedro Cerviño, Luis José de Chorroarín, Thaddeus Peregrinus Haenke y desde luego Manuel Belgrano y Cabello y Mesa –que firmaba con el seudónimo Jaime Bausate y Meza-), la cobertura periodística fue virando.

    Las noticias de los virreinatos vecinos se salpicaban con poemas, notas “de color” local y curiosidades.
    Por ejemplo, el 11 de octubre de 1801 publicaron que “en el bañado de Quilmes”, podían cazarse vizcachas, venados, zorros, zorrillos y nutrias para aprovechar su carne y sus cueros, mientras que los perros cimarrones que asomaban por la costa del Riachuelo eran aptos para convertirse en botas; de los cisnes, las gaviotas y las perdices sólo interesaban las plumas.

    Apenas salió a la calle, el Telégrafo Mercantil tenía dos ediciones semanales: miércoles y sábados, cada una de 8 páginas, que luego alcanzaron las 18. El 4 de octubre de 1801 se convirtió en una única edición dominical de 16 páginas, fluctuantes en cuanto a días de impresión, pero con frecuentes ediciones extraordinarias.
    Sin embargo, lo que al principio fueron desacuerdos con las medidas oficiales, luego viraron en tímidas críticas y finalmente en sátiras mordaces a las autoridades virreinales. Perdió suscriptores, lo ponían en cola de espera para imprimir y finalmente se apagó el primer periódico argentino en octubre de 1802, tras haber lanzado 110 ejemplares al mundo, sin contar las ediciones especiales.

    La Gazeta de Buenos Aires vio la luz el 7 de junio de 1810, cuando aún estaban en la cresta de la ola los festejos por el arrojo de la Semana de Mayo. Era un boletín oficial que difundía noticias de actualidad, tanto locales como del exterior. Una frase del romano Cornelio Tácito era su horizonte:
    "Tiempos de rara felicidad son aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo".
    Entre otras plumas ilustres, Manuel Belgrano fue uno de sus colaboradores habituales. La sangre siempre tira.

     


    Créditos:


       
    Artículos
    Página Principal