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Productos creados por el INTI
 


Changuito; se puede trasladar plegado, su profundidad es la adecuada para una carga y descarga sin necesidad de agacharse.

Un trocito de plástico puede evitar el pequeño drama que implica para un anciano la caída de su bastón. Remedios sencillos como ése, soluciones conocidas pero de precio accesible: ésa es la meta y ése el criterio del programa "La tecnología al servicio de los adultos mayores", implementado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

El ingeniero Rafael Kohanoff, a cargo de la iniciativa, parte de un diagnóstico contundente: los 3.587.620 habitantes mayores de 65 años (9,9% de la población), según el censo de 2001.

"Debido al aumento en la expectativa de vida hay más personas mayores que viven más tiempo. Queda pendiente el que vivan con la mayor calidad y dignidad posibles —observa—.

Pero el deterioro es irreversible, y les crea dificultades a ellos, a la familia y a la sociedad. La tecnología puede ayudar a resolverlas".

Piensa en dispositivos para diferentes instancias. Que extiendan las capacidades más allá del momento en que aparecen los impedimentos.

Que frenen la debilidad funcional. Que sustituyan acciones que los ancianos ya no pueden realizar. Y también que sirvan para su rehabilitación.

Kohanoff se acercó a la problemática cuando era secretario de Promoción Social de la Ciudad y tenía en su órbita la Dirección de la Tercera Edad. Después, como secretario de Industria y Comercio, creó el Centro Metropolitano de Diseño y continuó dándole vueltas al tema.

El programa surgió tras recorrer hogares de ancianos y detectar "el desconocimiento y la gran cantidad de problemas que no están demandados con claridad".

A pesar de que los niños de hasta 4 años representan una franja menor de la población (8,4%), se fabrica infinidad de artículos adaptados a sus posibilidades y limitaciones, pero muy pocos al servicio de los adultos mayores.

Por eso, este programa del INTI busca estimular a los diseñadores, alentar a las empresas e impulsar la creación de pequeños emprendimientos. "Para esto hay incentivos de organismos del Estado", dice Kohanoff.

Algunos productos indispensables, que mejorarían la calidad de vida de mucha gente, ya se manufacturan en el país; pero los fabricantes no pueden invertir en publicidad, y nadie sabe que existen. Por ejemplo, las dentaduras completas removibles que, al insertarse en implantes, no se mueven al hablar ni al masticar.

Tampoco son conocidos los dispositivos creados por el Centro de Asistencia y Rehabilitación Especial (CARE) para ayudar en el uso de la computadora a las personas con dificultades para controlar los movimientos involuntarios o imprecisos, como el "sobreteclado" y los aparatos que reemplazan al mouse.

Otros objetos están en proceso de desarrollo, por acuerdos de cooperación entre el INTI y las instituciones que los diseñaron. Es el caso de dos audífonos de bajo costo, creados por la carrera de Bioingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos. "En la Argentina no se fabrican audífonos", hace notar Kohanoff.

"Estoy buscando dispositivos, desde lo más complejo hasta lo más simple, porque soy consciente de lo que significa resolver un problema. Hay un vacío enorme entre la necesidad y la producción", agrega. El rastreo para reducir esa brecha incluyó a la Asociación Argentina de Inventores, que tiene "nada menos que 800 socios", se sorprende.

De allí salieron otros proyectos, que ya cuentan con prototipo. Un mecanismo para levantar a pacientes postrados. Un asiento giratorio para entrar a la bañera y bañarse sentado. Una muleta muy liviana y económica. Finalmente, otras ideas surgieron en el concurso "Diseño para todos" (2003), y ahora el INTI está apoyando su realización.

Las Primeras Jornadas "La tecnología al servicio de los mayores", realizada a comienzos de noviembre en Buenos Aires, sirvieron para desplegar públicamente la problemática en todos sus aspectos.

Queda ahora por profundizar la tarea de buscar quiénes industrialicen estos elementos imprescindibles, cuyas características podrán ser consultadas dentro de pocos días en Internet, en www.inti.gov.ar  


Crédito:

Por Sibila Camps, Publicado en Diario Clarín (16/11/04)

 


Cómo fabricar más barato

El equipo del INTI que trabaja en el programa "La tecnología al servicio de los adultos mayores", realizó un relevamiento de sus necesidades tras visitar hogares de ancianos públicos y privados, y conversar con médicos, enfermeros, mucamas, psicólogos, kinesiólogos y terapistas ocupacionales.

La debilidad en las manos y la falta de precisión en los movimientos genera dificultades para alimentarse, vestirse y comunicarse.

Para resolverlas hacen falta, por ejemplo, cubiertos especiales, calzadores de medias y zapatos, colocador para abrochar botones, teléfono y controles remotos con botones grandes, abridor y tirador de puertas, y un dispositivo para usar las llaves con mayor soltura.

La higiene también plantea problemas, como el ingreso a la bañera, la inestabilidad, el riesgo de caídas y el acceso a ciertas partes del cuerpo.

Para afrontarlos hacen falta barandas y agarres, superficies antideslizantes, escalón y asiento para bañeras, cepillo y esponja con mangos largos, adaptadores de grifos y elevador de inodoro.

Para suplir la falta de fuerza o los movimientos imprecisos en las manos se ha inventado el abridor y tirador de puertas, el gira picaportes de rueda, y los dispositivos de giro de llave, con forma de mango curvo, que se agregan a cualquier llave.

Muchos de estos objetos y dispositivos han sido creados, pero la mayoría no está al alcance de sus destinatarios: o se fabrican en el exterior y no llegan al país, o son importados y su precio es elevado, o nadie sabe dónde se venden o bien aún están en etapa de prototipo. La tarea del INTI es, precisamente, intervenir en el proceso de diseño, industrialización y comercialización, para hacerlos accesibles.  


El envejecimiento poblacional

En 1991, las personas con 65 años o más eran el 8,9% de la población. Una década después, la proporción había trepado al 9,9%: eran 3.587.620 personas, de las que el 1,6% superaba los 80 años.

Además aumentó el porcentaje de hogares argentinos cuyo jefe de familia supera los 65 años, del 11,7 al 21,6%. También creció el número de adultos mayores que viven solos, del 16,9 al 19%.

Los adultos mayores se concentran sobre todo en la Capital y en la provincia de Buenos Aires: 478.445 según el censo 2001 en la Ciudad de Buenos Aires (17,2%), y 1.461.118 en el territorio bonaerense (10,6%).

El envejecimiento de la población mundial es alarmante: se calcula que el 6,6% tiene más de 60 años (434 millones de personas), pero que en 2025 representará el 14%.

"Creo que el mundo no se dio cuenta de lo que está pasando. Hay que imaginarse la casa con el abuelo y el bisabuelo, pidiendo cosas al mismo tiempo —advierte el ingeniero Rafael Kohanoff—. Este problema se le fue de las manos a la humanidad".  


Crédito:

Publicado en Diario Clarín (16/11/04)

 



   
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