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Geografía

Ver el planeta desde la altura
 


El general Tamayo ve con preocupación la comercialización del espacio. (Foto: Raquel Pérez)

Hace 25 años, el cubano Arnaldo Tamayo Méndez, fue miembro de la tripulación de la misión Soyuz 38 -una misión científica del programa Intercosmos soviético que vinculaba a astronautas internacionales.

En esta entrevista en exclusiva con Fernando Ravsberg, el general Tamayo cuenta cómo llegó a ser uno de los elegidos para montarse en una nave que partió con destino al espacio en septiembre de 1980.
 


¿Quién es el general Tamayo, en qué pueblo nace, cómo fue su infancia, qué hacían sus padres por ejemplo?

Yo nací en la ciudad de Guantánamo el 29 de enero de 1942. Origen de una familia de obreros. Soy huérfano de madre cuando tenía un año y padre posteriormente.

Me crié con fundamentalmente con mi abuela materna y tuve una infancia muy difícil. Tuve que empezar a trabajar a los 10 años. Luego limpié zapatos y posteriormente con más edad ingresé a una carpintería como aprendiz.

Pero en eso triunfa la Revolución. Ya era un jovencito -de 17, 18 años- y me incorporo a la asociación primera asociación juvenil que se fundó: la Asociación de Jóvenes Rebeldes.

A partir de esa Asociación de Jóvenes Rebeldes se hace un llamado a la juventud convocándolos para que futuros cuadros de oficiales de las fuerzas armadas.

Y las ofertas fueron variadas, diferentes especialidades y yo bueno me incluí en los aspirantes a la Fuerza Aérea.
 


¿Por qué la fuerza aérea? ¿Cómo surge ese deseo de ser piloto?

Cuando yo era niño precisamente allá, en mi Guantánamo Oriental, estaba muy cerca de la base naval de Guantánamo y yo veía muy periódicamente los aviones norteamericanos de guerra volar sobre aquel territorio y ahí aparecieron mis primeras inquietudes.

Pero estaba muy lejos de aspirar a estudiar aviación pues en aquel entonces se necesitaban de recursos financieros. Generalmente quienes accedían a ésta profesión eran las personas de la burguesía.

Cuando triunfa la Revolución y se me da esa posibilidad, yo me inclinó a esa profesión.
 


¿Por qué y cómo fue seleccionado para ser cosmonauta?

Precisamente a partir del 62, yo regresó a Cuba formado como piloto en un curso acelerado. Empecé a acumular experiencia como piloto.

Dentro de las unidades fui perfeccionando mis hábitos, mis conocimientos sobre ésta compleja técnica. Y casi durante 20 años acumulando esa experiencia y mejorando mi perfil profesional. Es ahí cuando se hace una convocatoria dentro del personal de la Fuerza Aérea.

Hubo algunos requisitos indispensables que cumplir como saber hablar ruso, tener categoría de piloto de primera o segunda clase, la disciplina, no haber tenido accidente o haber provocado premisa de accidente por errores humanos, la condición médica y psicológica.
 


Sobre la preparación, ¿cómo fueron esos dos años y medio?

Fue una preparación intensa, de mucho trabajo, de mucho estudio.

No es lo mismo la tecnología; incluso el vocabulario de la aviación es diferente al de la cosmonáutica: es un vocabulario y una teoría muy difícil por cuanto todo es muy científico.

Y eso hizo que nosotros tuviéramos que hacer un esfuerzo mayor, sobre todo porque todo era en ruso.
 


¿Cuáles eran los principales objetivos de la misión?

El principal objetivo era un resultado científico técnico. Con fines pacíficos nosotros llevamos alrededor de 23 ó 24 trabajos científicos a desarrollar a bordo del complejo orbital Soyuz y todos esos experimentos fueron diseñados y preparados por especialistas cubanos que tenían que ver con cuatro esferas fundamentales de la ciencia.

Los médicos biológicos que fueron los fundamentales, lo de físicos técnicos y bueno, la connotación política que el propio vuelo conllevó para nuestro país.
 


¿Cómo era la nave? Hoy en día uno ve el trasbordador y da la impresión de ser aviones de lujo. ¿Cómo era la nave en aquella época, en la cual usted viajó?

La nave la podemos catalogar para esa época como de primera generación.

Pero ya cuando miramos 25 años después vemos como han surgido nuevas tecnologías, nuevas formas de asegurar la vida del hombre en el espacio.

Las investigaciones que se están haciendo van a mucho más profundidad y aquella nave por supuesto yo digo que es como un Ford del 56 y un Mercedes del año 2000.

Esta nave era la pequeña bola aquella, descendiendo en un paracaídas y todas aquellas limitaciones tecnológicas.
 


¿Qué era lo que le resultaba más incómodo de esa nave?

Para mi el espacio no fue lo que más me molestó sino precisamente la adaptación al estado de ingravidez que es un medio hostil al organismo.

Uno está acostumbrado a la Tierra, a la gravedad, a la presión atmosférica, al peso corporal. En la física se dice que cuando hay masa hay peso.

En estado de ingravidez, persiste la masa pero se pierde el peso y todo eso provoca en el organismo cambios en el funcionamiento de los sistemas: el sistema cardiovascular, en el sistema vestibular.
 


Y ya en el viaje mismo, ¿qué recuerda de aquellos días, cómo fueron?

Creo que fue una experiencia muy bonita, haber participado en una misión espacial de este tipo. Yo no me cansó en decir que fue un privilegio.

Recuerdo momentos agradables: cuando hablé con mi esposa y mis hijos desde el espacio; en el segundo día del vuelo, la mañana del 19 de septiembre que pudimos ver a Cuba desde esa distancia... y disfrutar de aquellos días en los que apreciamos panoramas muy bonitos con relación al planeta.

Ver el planeta desde la altura. El "planeta azul" como lo denominó Gagarin, que no es tan grande como nos lo imaginamos. Sólo a la velocidad que estábamos viajando se le da la vuelta en una hora y media. Es como ir de La Habana a Varadero, por lo tanto no somos tan grandes como a veces nos lo imaginamos.

Quizá aquellos que hayamos tenido la oportunidad de apreciar esa bellezas del cosmos tengamos más conciencia todavía de cuidarlo.
 


¿Cómo ve los viajes espaciales actuales?

Pienso que efectivamente se espera en el futuro grandes acontecimientos.

No solamente de la conquista del hombre más allá de lo que se ha logrado. Sino que el cosmos también se puede usar con fines productivos ya hay materiales que no se pueden lograr en la Tierra y se pueden producir en el cosmos.

Eso, sin hablar de la militarización, que es un peligro -por supuesto- a la humanidad. Muchos países han querido usar esa tecnología con fines militares también y hemos denunciado que levar la guerra al espacio sería un peligro más para la Tierra.

En los últimos tiempos yo veo la inclinación de esta ciencia espacial hacia la comercialización. Vemos como se anuncian entierros celestiales o un viajero que tiene que pagar, como se ha dado ya, US$20 millones por un viaje de siete días.

Ese el peligro que yo le veo al desarrollo de esta tecnología enmarcada en una agencia privada, en una agencia que actúa ajena a los países, a las naciones.
 


Créditos:

  • Publicado en el Sitio BBC Mundo (04/10/05)
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