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Historia

El supuesto heredero al trono inglés que armó el primer arbolito de Navidad en Buenos Aires y su misterioso asesinato
 


Aseguran que el que comenzó la tradición de armar el árbol de Navidad en Buenos Aires fue un inglés llamado Michael Hines.
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Jorge IV, que fue rey regente entre 1811 y 1820 debido a la enfermedad mental de su padre, fue famoso por su condición de mujeriego. Se habría casado en secreto con una mujer católica, María Ana Fitzherbert, enlace que se anuló en base al Acta de Matrimonios Reales entonces vigente.
La Corte, procurando mantener en secreto el escándalo en ciernes, solucionó el entuerto con un casamiento arreglado con su prima Carolina de Brunswick, que resultó una unión desastrosa.
Antes del enlace habría dejado embarazada a otra, con la que tuvo un varón.

La mujer pasó el resto de su vida intentando que el monarca reconociese ser el padre del chico.
La madre dejó la criatura -hijo bastardo del rey Jorge IV de Inglaterra- a los Hines, una familia irlandesa amiga, que vivía en Dublín, con el mandato de que le contaran al chico, cuando fuera mayor de edad, de su origen.
Se llamó Michael Hines o Hynes y aseguran que nació en Irlanda el 4 de mayo de 1790.

El 20 de septiembre de 1806, Londres estalló de júbilo cuando atracó en Plymouth el barco que traía la noticia de la conquista de Buenos Aires.
Los caudales que en vano el virrey Marqués de Sobremonte intentó poner a resguardo, desfilaron en carretas para ser depositados en el Banco de Inglaterra.
Fue por esa época que Michael se enteró de su origen bastardo, aseguran que tuvo un amargo encuentro con su padre biológico, y en un arrebato de amor propio, arrojó al Támesis un anillo y los documentos que certificaban su origen y se enroló en el ejército que era enviado a engrosar las fuerzas que se creían eran dueñas de Buenos Aires.

Ese domingo 5 de julio de 1807, los ingleses ingresaron a la ciudad por una docena de calles. La derecha del Regimiento 88, al mando del teniente coronel Alexander Duff, después de transitar por la actual calle Perón intentó, en vista de la resistencia que halló, buscar refugio en la iglesia de San Miguel Arcángel.
Por el incesante fuego proveniente de las casas linderas, que dejó casi un centenar de cadáveres y heridos ingleses, debieron retroceder por Tacuarí, al no poder abrir las compactas puertas de la iglesia con las herramientas con las que contaban. Los sobrevivientes no tuvieron más opción que rendirse unas horas después.

La historia cuenta que, en ese tendal de muertos y heridos, estaba un muchacho herido de bala en una pierna y que la familia Terrada auxilió, lo llevó a su casa en Suipacha 55 y lo curó. El joven soldado dejó el uniforme, se olvidó de sus veleidades de invasor y se quedó para siempre en el Río de la Plata.
Luego que se curó de sus heridas, trabajó en el negocio de los Terrada -Hines les hacía acordar a un hijo que había fallecido- y se hizo socio de su amigo, el irlandés Guillermo Brown. Compraron tierras en Colonia del Sacramento, donde se dedicaron a la explotación agropecuaria y a la industria del saladero en el establecimiento “Los Galpones”.

Ese muchacho alto y flaco se casó en 1814 con María González, nativa de Colonia del Sacramento, y tuvieron varios hijos: Josefa, Miguel –que nació ciego y fue un eximio ejecutante de violín-, Máxima, Carlos, Guillermo y María.
En diciembre de 1828 la ciudad estaba por demás convulsionada por el fusilamiento del gobernador Manuel Dorrego y los vecinos no pueden creer cuando leían la noticia que fue pegada en los cafés y en lugares públicos.

En la ciudad no se hablaba de otra cosa y hasta había pasado a un segundo plano la inquietud por la vigilancia que el gobierno había dispuesto, por ejemplo, en la entrada del teatro, donde jóvenes que pedían limosna cuando podían robaban de los bolsillos de la gente.
Pastor Obligado, en “Tradiciones argentinas”, una serie de obras que recoge memorias y recuerdos, señala que en el hogar de los Hines, cercano a la calle Bolívar y Belgrano -aunque otros sitúan la casa en Alsina y Perú, en la esquina de la Manzana de las Luces- un 24 de diciembre de 1828 los vecinos se acercaron sorprendidos a las ventanas de la casa por el extraño resplandor que llegaba hasta la calle.
Hines había armado el primer árbol de Navidad en el Río de la Plata, el que estaba adornado con un sinnúmero de velas encendidas y diversos adornos, y a su pie habían colocado golosinas.

La historia cuenta que este hombre viajaba permanentemente entre Buenos Aires y Colonia y que en una de esas ocasiones se cruzó con un viejo conocido, que le recordó su origen, que el rey Jorge IV estaba anciano y que no había dejado herederos. El irlandés manifestó su deseo de permanecer en el Río de la Plata y seguir con su vida lejos de su patria y de las intrigas palaciegas.
El monarca murió el 26 de junio de 1830 y fue sucedido por Guillermo IV. Cuando falleció en 1837, el trono fue ocupado por la reina Victoria, quien sería la prima hermana de Hines.

Michael le reveló su verdadero origen a su hija Josefa, historia que ella le contó a su nieta. Y su nieta a su hijo, Horacio Bustamante, quien hace décadas atrás recreó esta interesante historia familiar en el libro novelado “La corona hecha pedazos”.
El fin de la historia no está exento de misterio. Coincide con la llegada de una fragata inglesa a Colonia de Sacramento. Al parecer, en la noche del 19 de agosto de 1843 unos gauchos irrumpieron en el campo de Hines en Colonia y lo mataron a puñaladas.
Se vinculó a los asesinos con partidarios de Manuel Oribe, que apoyaba a Juan Manuel de Rosas. Hines había volcado sus simpatías hacia Fructuoso Rivera, aliado de los unitarios emigrados y enemigo de Oribe.

Las fuertes vinculaciones de los Hines forzaron a Oribe a hallar a los supuestos culpables y, casi sin investigación, fueron fusilados.
Esa misteriosa fragata inglesa, luego del crimen, partió. Los restos de Michael Hines fueron sepultados en el cementerio de Colonia, y con el correr de las décadas se fue alimentando la atrapante historia del heredero al trono inglés que se hizo de un lugar en la historia porteña por el ser el primero en armar un arbolito de Navidad en Buenos Aires.
 


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