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"Ciudad Luz"

Culto

Historias siniestras: El caso de Lucía, mártir de Siracusa
 


"Santa Lucía". Esta obra de Domenico di Giacomo di Pace Beccafumi es una pintura de 1521, cuya técnica es óleo sobre tabla, se encuentra en la Pinacoteca Nazionale, Siena.

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  • Lucía, mártir de Siracusa, para la Iglesia Católica Apostólica Romana, Santa Lucía, patrona de quienes sufren de ceguera y enfermedades oculares. Hay una curiosidad inicial: también es de referencia para luteranos, anglicanos y católicos ortodoxos.
    En el año 304, durante la durísima persecución del emperador Diocleciano, Lucía fue denunciada por cristiana y martirizada en Siracusa (Sicilia, Italia).

    Antes, Lucía había afirmado, según la tradición, que su virginidad era entregada a Dios, resistiendo así un intento de su madre, Eutiquia, quien le había arreglado un matrimonio con un no cristiano, probablemente adorador del panteón greco-romano.
    Lucía se negó a casarse con él y fue castigada por el gobernador Pascasio, quien ordenó a los guardias que le quitaran los ojos.
    Es la razón por la cual ella es hoy día la patrona de las enfermedades oculares.

    Cuenta la leyenda -que se refugia en la tradición y tanto daño le hace a la religión-, que cuando su cuerpo estaba preparado para ser enterrado, se descubrió que sus ojos habían sido restaurados.
    En alguna pintura, Lucía es representada con los ojos en un plato dorado y también sosteniendo una rama de palma, que simboliza el martirio y la victoria sobre el mal.

    Y aquí vamos a un hecho muy particular: Lucía es la única santa aceptada por la iglesia luterana, además de Esteban, el primer mártir cristiano, y cuya efeméride ha sido absorbida por la celebración de Santa Lucía pese a que la historia de Esteban se encuentra en la Biblia, en el libro Hechos de los Apóstoles y fue un acontecimiento relevante para la posterior conversión de Saulo de Tarso (apóstol Pablo), el evangelista más potente del cristianismo en esos tiempos.
     


    Una bio

    La historia inicial ya era truculenta y durante la Edad Media creció a niveles llamativos y, para muchos, inverosímiles:
    Siendo muy joven, Lucía decidió consagrar su vida a Dios y rechazó la propuesta de matrimonio de varios jóvenes.
    Su madre, Eutiquia, estaba muy enferma, con sangrados constantes, y sabía que los médicos no le habían dado ninguna esperanza para su recuperación.
    Por este motivo, ambas peregrinaron 67 kilómetros, de Siracusa hacia la ciudad de Catania, al santuario de Santa Águeda (quien había sido martirizada 52 años antes), para pedirle que sanara su mal.

    Siracusa fue el lugar de nacimiento del ingeniero y matemático Arquímedes. Al llegar a la tumba, Lucía y Eutiquia pasaron toda una noche orando y, de pronto, Águeda se apareció rodeada de ángeles y le dijo a Lucía que ella misma poseía dones curativos y que su madre quedaría curada por su fe, lo que sucedió.
    Este pasaje fue ilustrado por el pintor veneciano Jacobello Del Fiore (1370-1439) en la pintura titulada 'Santa Lucía ante la tumba de Santa Águeda'.

    De regreso a Siracusa, Lucía pidió de favor a su madre que jamás la entregara en matrimonio, pues ella quería consagrar su vida a Dios, y que repartiera todos sus bienes entre los pobres. Eutiquia accedió a su petición y ambas empezaron a distribuir sus pertenencias entre los más desfavorecidos.
    Sin embargo, pasado el tiempo, su madre, sin explicación alguna, intentó obligar a Lucía a aceptar en matrimonio a un determinado hombre, y obviamente Lucía lo rechazó.

    Debe recordarse que en aquellos tiempos, para los que hoy son llamados paganos, los paganos eran los cristianos.
    El rechazado, disgustado, la acusó ante el procónsul de Siracusa de ser cristiana, en tiempos de la gran persecución del emperador Diocleciano. El cónsul Pascacio ordenó que Lucía fuera conducida ante un juez, quien la presionó para que desistiera de la fe cristiana.

    Lucía se negó. Furioso por su respuesta, el cónsul dispuso que la llevaran a un prostíbulo para que la violaran, a lo cual Lucía exclamó:
    "El cuerpo queda contaminado solamente si el alma está consciente". Cuentan que Tomás de Aquino, una de las mayores figuras de la teología sistemática, elogiaba estas respuestas de Lucía.

    Para conducirla al prostíbulo, los soldados le amarraron las manos y los pies con cuerdas, pero por más esfuerzos que hacían no podían moverla. Al enterarse de lo sucedido, el cónsul, afirmando que debía tratarse de una brujería, ordenó someterla a suplicio con aceite hirviendo, pero no logró hacerla desistir.
    Entonces, que la quemaran en la hoguera, pero lo único que ardió fue la madera. Entonces, ordenó que le arrancaran los ojos, pero ella misma luego se los colocó. Finalmente fue decapitada, lo que sucedió el día 13 de diciembre del año 304.
     


    Créditos:


         
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